Desde chiquita me encantaba jugar con las cremas de mi mamá y experimentar con todo lo que encontraba en el tocador. Pero como muchas de nosotras, durante años usé productos sin saber realmente qué le hacía falta a mi piel. Compraba lo que veía en publicidad, lo que estaba de moda o lo más barato del súper, y luego me frustraba porque nada me funcionaba de verdad.
Todo cambió cuando empecé a investigar sobre ingredientes, tipos de piel y rutinas que realmente hacen la diferencia. Entendí que no se trata de comprar el producto más caro, sino el producto correcto para tu piel. Y ahí fue cuando conocí Farmasi.
Lo que me enamoró de Farmasi fue su combinación de calidad europea con precios que no te hacen llorar. Es una marca con más de 70 años de historia, fábrica propia de 300,000 metros cuadrados en Turquía y certificaciones internacionales. Cuando la probé en mi propia piel vi resultados en semanas, no en meses. Y pensé: "Esto tiene que conocerlo más gente."
Vivo aquí en la Ciudad de México y sé de primera mano lo que nuestra piel enfrenta todos los días: la contaminación, la altitud que hace que los rayos UV peguen más fuerte, los cambios de temperatura entre la calle y la oficina, el estrés de la ciudad. Por eso me preparé como consultora de belleza en CDMX y decidí dedicarme a ayudar a otras mujeres a encontrar lo que su piel realmente necesita, sin gastar de más y sin complicarse la vida.
Hoy disfruto platicar con mis clientas, escuchar lo que necesitan y recomendarles cosas que de verdad les funcionan. No te vendo por vender. Primero te escucho, luego te asesoro. Tu piel merece atención real, no otra compra al azar.